viernes, 28 de enero de 2011

Almuerzo con... Jordi Obré Molina

"La vida me cambió por completo"

Jaissa Obré Machado, 22 de enero de 2011


Esta mañana me he reunido con Jordi Obré en una cafetería situada en el centro de Palafolls. Jordi es un hombre de unos 50 años aproximadamente que padece una deficiencia visual. Le he citado para hablar sobre cómo le afecta la minusvalía en su día a día.
La primera impresión es que parece ser una persona muy seria y formal. La pregunta con la que inicio la conversación es en qué se diferencia su vida a la de una persona sana. Al mirarle a los ojos me doy cuenta de que tiene los parpados cansados y los ojos rojos. Me contesta “Hay muchas cosas que no puedo ver ni definir”. También me explica que depende a qué lugares tenga que ir, no puede hacerlo por sí mismo ya que no puede conducir. Va bebiendo su cortado de forma apresurada mientras se fuma un puro. “La vida me cambió por completo”. Me cuenta que era jefe de pastelería y que, a medida que iba perdiendo visión, tuvo que dejar el trabajo. Después de unos minutos hablando de nada en particular, le pregunto sobre su actual trabajo. Me afirma que trabajaba en la Once, y que eso le ayuda a llevar una vida social y a no encerrarse en casa, de hecho es el único trabajo que puede realizar.
Me da miedo preguntarle si es duro asumir su pérdida de agudeza y campo visual, pero me decido a hacerlo. De pronto, le noto una expresión tensa en el rostro. Me confiesa que su perdida es irreversible y que se ha dado con los años, que a causa de eso ha tenido tiempo para hacerse a la idea. También añade que a pesar de que no está ciego con el paso de los años lo estará. “Pensar que no podré ver a mis nietos, ni a mis hijas casarse es algo que cuesta de asimilar”, confiesa. Finalmente me intereso por su actual calidad de vida. Algo más relajado me cuenta que se siente feliz con la vida que lleva, pero que no sería lo mismo si no contará con el apoyo psicológico de su familia. En especial me señala a su mujer, ya que afirma que es ella quien la lleva a los lugares donde él solo no puede ir, es ella la que le enseña lo que con sus ojos no puede ver, y es ella la que lo acompaña a hacer cosas que solo no puede hacer. Después de un gran agradecimiento a su mujer y a su familia, nos despedimos con un apretón de manos.

Un café con...Cristina Fernández Recasens

"Tal vez la publicidad esté afectando demasiado al mundo del arte"

El aire es fresco y el viento entra en la ropa provocando largos escalofríos, y esa es la motivación del porqué nos dirigimos, la joven poeta Cristina Fernández y yo, rápidamente a un bar a compartir un cappuccino y un té verde. Un móvil como grabadora, música de fondo y empieza la entrevista.

“Yo no he escrito siempre, pero siempre he leído”, ríe respondiendo a la pregunta de si siempre le ha gustado escribir, “Mis padres siempre me cuentan que cuando era pequeña, por muy tarde que fuera, me iba a la cama y me ponía a leer, y si no leía un poco, no me dormía”. Cristina es nueva en el mundo literario, pero su pasión por los libros la llevó a estudiar el Bachillerato Humanístico en el Instituto Serrallarga a Blanes, su ciudad natal, y más tarde a publicar una antología de poemas que lleva como titulo Aprender a dibujar el viento, ganadora del Premi Rei en Jaume de poesía. En un recorrido por su pasado, Cristina recuerda que escribía en un diario. Coloca los ojos mirando en parte al vacío, que son recuerdos lejanos. “Siempre llevaba encima una libreta donde escribía. De esta época son unas libretas donde apuntaba citas. Copiadas de libros y también frases como de agenda de cuando tienes catorce o quince años”, ríe alternando con sorbos de su té.

El tiempo transcurre tranquilamente, pero Cristina hace verdaderos saltos temporales en su vida “Después fui escribiendo, escribiendo, colaborando con revistas de aquí de Blanes”. En pocas palabras, la joven poeta ha cerrado un capitulo de su vida entrando directamente en el libro de la historia. Con 25 años, recién salida de la universidad, Cristina se encontraba con muchísimos papeles, con poemas y quería hacer algo con ellos. “Y de allí llegó el viento”, dice sonriendo conectando con su antología. Al acabar su carrera, decidió ordenar esos papeles y sacar un libro, que ha sido después su primera publicación. “Estuve trabajando con textos desde 2004 a 2009 y acabé haciendo una evolución”. Cristina empieza a hablar de su obra con una especial pasión. “Como es una evolución, el libro se divide en cinco momentos…cinco estados de mi alma. El libro del viento está construido como un viaje a través de estas cinco partes”. La charla empieza a coger matices más metafóricos cerca del recurso que utilizó principalmente en su libro: el viento. “El viento es la poesía. No la puedes agarrar. Yo tenía la imagen del viento moviendo las hojas de los árboles, pero no lo ves a él”. Sin cortarse, explica cómo cuando volvió de la universidad , el primer invierno que pasó en Blanes estuvo muy sola y fue cuando escribió el libro. Por esa razón, le pareció justo presentar el libro en Blanes y hacerlo rodeada de gente. Esta presentación fue un recital en el centro cultural Els Padrets. “Era como si acabase un ciclo y estuviera lista para presentarlo a todo el mundo”. El recital fue una conjunción de pintura, con los cuadros de un amigo suyo pintor, música, acompañada por guitarra y también una trompeta, danza, que interpretó una amiga suya, y también arte multimedia con el vídeo hecho por su pareja. Todos eran amigos y ella remarca su importancia en la escritura como en la vida.

“No sé qué es exactamente inspiración. Yo cuando escribo poemas me fijo una imagen o una idea y después la trabajo desde la razón. Pero hay otros poemas que son frutos del momento”. Hemos cambiado de tema, hablamos de la inspiración que se necesita al crear obras o al programar un recital multicultural. En un intento de buscar la definición exacta Cristina la define como una disposición a trabajar una idea, sin tener vergüenza por lo escabrosa o vergonzosa que sea. El miedo al público está totalmente ausente. “No creo que alguien pueda escribir 200 poemas por inspiración. La inspiración es solo una chispa. Tiene que haber trabajo detrás”. Con tranquilidad, explica que no se tiene que tener miedo a no tener inspiración. “Lo que hay que hacer es seguir la voz que uno tiene dentro. Hay que buscarla y encontrarla”. En esta búsqueda, explica, ella a veces ha acabado visitando a otros autores.

“Espero seguir escribiendo. Pero hoy en día no es posible vivir de la escritura”. En estas pocas palabras Cristina explica cómo escribir no será el trabajo de su vida. Desafortunadamente es verdad que a día de hoy no es posible vivir del propio arte. Pregunto por proyectos y ella sonriente asegura que tiene otro, Radical, que es otra antología de poemas, esta vez en catalán, que ya ha enviado a un concurso.

La conversación se mueve ahora hacia la figura del artista y del arte actual. Según ella este es un periodo de experimentación, que abre muchas puertas y que permite muchos estilos, y le parece muy bien. Desde su punto de vista, el arte es muy libre y ella no es persona que cierra caminos. Respondiendo qué piensa sobre las formas más actuales de hacer poemas, que muchas veces no siguen rimas, ni métrica, explica que rima y métrica son herramientas. Y así como en la poesía en todos los géneros puedes experimentar, aunque, a veces, algunos experimentos no se entienden muy bien por parte del lector. “Me parece bien experimentar, a mí no me importa. Pero si haces una cosa que nadie puede leer y entender, no la publiques” dice riendo. Actualmente se publican muchos libros y ella, siempre con su sencillez, explica que el problema de los experimentos es que se publican libros que a lo mejor la humanidad no tiene las herramientas para entender o donde no hay nada que entender. “Hoy la moda está más unida a la estética, tanto en el cine como en la escritura”, explica. “Se hacen obras de arte muy bonitas, pero vacías. En ese sentido, es un mal de la época. Tal vez la publicidad esté afectando demasiado al mundo del arte”. Y revela cómo este amor a la estética crea libros a lo mejor vacíos. “Lo que sí me ha interesado de los últimos movimientos es la que se llama Metaliteratura, que es la literatura que habla de uno mismo. Es muy interesante pero ya se acaba. No tiene salidas”.”Echo de menos un libro que sea solo ficción, como Alicia en el País de las maravillas”. Una breve mirada nostálgica se presenta en su rostro.

¿Y ahora? Esa es la pregunta. ¿Qué quiere hacer ahora después de haber publicado su primera antología? Sin muchas dificultades, explica que ahora hace lo que quiere, que a lo mejor no va a volver a escribir y a lo mejor sí. Ella misma no se define como escritora. “No creo que publicar un libro te haga escritor”, dice riendo. En los últimos minutos ahondamos la imagen del artista. “Artista es quien tiene una trayectoria, un proyecto de estudio de la propia voz para hacerla evolucionar. Yo he publicado un libro pero no creo que me haga escritora. Creo que lo hace más una trayectoria”.


Almuerzo con Marta Bustamante...

"Me pareció chino y consideré que jamás iba a entenderlo!”

Laia Vancells

Eran las ocho menos cuarto cuando llegué a la cafetería donde había quedado con ella, la directora artística de la escuela de danza Onstage, (Mataró) y directora de la compañía de danza juvenil Jove Ballet de Catalunya. Pero no era eso por lo que entrevistaba a Marta Bustamante, sino por ser la única persona en España en tener la titulación en benesh, escritura en un pentagrama del movimiento humano.
Al llegar, la vi sentada en la mesa más próxima a la ventana y me senté enfrente de ella. Nos saludamos cordialmente y empecé con las preguntas. Lo primero que me interesaba saber era la edad en que empezó a estudiar ese método de notación, contestó que a los 23 años. En ese momento el camarero nos pidió la nota, yo pedí un café; ella, una infusión. Seguí con la entrevista preguntándole dónde y cómo había conseguido sacarse el título, ella respondió claramente que entró en la Real Academia de la Danza después de pasar una audición y empezó allí con el estudio. Quise saber qué la llevó a estudiar ese método tan difícil y dijo: “A los 23 años ya había estudiado todo lo que hace referencia a la danza, también me había sacado la carrera de maestra de ballet, ya tenía la titulación y quería algo más que me ayudara a aprender nuevas cosas y me introdujera más en el mundo profesional…” añadió que solo había viajado hasta allí para estudiar benesh. Le pregunté cuántas horas semanales dedicaba a ello y el tiempo que tardó en obtener el título, ella me contó que había tardado dos años: el primer año era el teórico y el segundo, el de práctica. Afirmó que el primer año fue el más duro, el de teoría, en las clases estaban desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde más o menos y al salir de la escuela normalmente tenía siempre entre dos y tres horas de deberes. Al escuchar la respuesta, me quedé sorprendida y le pregunté sobre los exámenes. Me empezó a contar cómo eran los exámenes del primer año, que constaban de diferentes partes: tenían la parte de escritura, en que un bailarín venía y les bailaba un fragmento de un baile y tenían que anotarlo al momento y después tenían la parte del aprendizaje en que les daban una partitura de benesh y un tiempo limitado, una hora aproximadamente y debían aprenderse esa partitura y enseñarla a un bailarín.
En ese momento, llegaba el camarero con el café y la infusión, le dimos las gracias y se me ocurrió preguntarle qué impresión se llevó el primer día que empezó el curso, ella se rió y dijo entre carcajadas:“¡Me pareció chino y consideré que jamás iba a entenderlo!”
Dijo también que en su promoción eran solamente cuatro personas en el aula, porque aunque es un sistema reconocido internacionalmente es muy difícil tener un conocimiento del benesh como para dedicarte a ello. Entonces le insinué si en España también se usaba habitualmente para registrar bailes o enseñarlos, bebió de su infusión y respondió con un tono de indignación que simplemente en España no se usa, incluso ni se conoce. Desde su punto de vista, el problema es que tampoco hay compañías de clásico donde se pueda usar, así pues, todo es un pez que se muerde la cola. Aun así contó que este sistema no se usa solamente en ámbitos de la danza, sino que también lo usan en otros deportes y en terapias, como, por ejemplo, en los niños que necesitan educación especial.
Por último, le pregunté qué utilidad le dio el título de notación benesh. Para ella lo más importante es que la ayudó a entender mucho más el movimiento y lo que era la técnica, clásica sobre todo.
Le di las gracias por su tiempo y atención, nos levantamos y fuimos a pagar a la barra de la cafetería.

Almuerzo con Sílvia Paz...

"Creo que para poder dar se tiene que recibir"

Carla Garriga, 11 de Enero del 2011

Sílvia Paz, aparte de ser profesora de danza, también es monitora de Pilates. Ella describe el Pilates como “Una disciplina complementaria a muchas otras”. Ante esto ella aclara; “todo nuestro trabajo viene del centro del cuerpo”.
Hablando con Sílvia me dijo que ella se empezó a interesar por el Pilates a través de la danza. “Creo que el Pilates proporciona un espacio donde el bailarín puede ser muy consciente de su propio cuerpo y comprender mejor su funcionamiento, a la vez que compensa su musculatura y sus condiciones físicas”.
Nos encontramos en un bar pequeñito que está al lado de su casa. En ese preciso instante, nos trajeron las bebidas, una Coca-cola para ella y una Fanta para mí. Seguimos hablando y me estuvo contando en qué consistía su trabajo, también me dijo que con el Pilates se puede reeducar el cuerpo morfológicamente. “Aporta conciencia corporal y educación corporal que es muy aplicable a nuestra vida cotidiana”.
Así pues le pregunté que qué pasaba con las lesiones… “La verdad es que los médicos recomiendan cada vez más la práctica del Pilates, pero nosotros siempre trabajamos con gente que haya sufrido alguna patología con la aprobación de su médico. De hecho, dedicamos un seminario formativo a este tema, conjuntamente con una doctora de rehabilitación y proporcionando a los instructores adaptaciones de los ejercicios”.
Como no lo he dicho antes, Sílvia también trabaja en la Federación Española de Pilates, ella es la encargada, junto a su marido, de dar formación de Pilates aquí en Cataluña, para así poder ser instructor. Seguimos hablando y llegamos al punto donde le pregunté si el Pilates era una moda o no. “Sí, es una moda pero una vez pase yo creo que el interés perdurará como en el caso del Yoga y otras disciplinas”. Terminó diciéndome que el Pilates le había aportado mucho y le había servido para comprender muchas cosas del ballet clásico. Después me dijo que se tenía que ir a la escuela de danza en la que trabaja, ya que compagina los dos trabajos.

Charla con… Carme Cubarsi

“…los médicos con los que trabajo nunca desacreditan la medicina natural delante de mí…”


“Soy enfermera de vocación”, responde tras preguntarle por su profesión, mientras nos dirigimos a su despacho. Carme Cubarsi trabaja en el Centro de Atención Primaria de Blanes desde hace 25 años y es propietaria de la herboristería y dietética VITAL desde hace 16.

“¡Siéntate en el taburete, que tú eres más joven!”, bromea ofreciéndomelo para continuar la entrevista. Es una mujer amable, educada y atenta que tras dudar un segundo responde “No, no creo” cuando le pregunto si hubiera decidido dedicarse a la medicina alternativa, si cuando estudiaba se hubiera utilizado más.

Algo no muy común en su profesión, esta enfermera trabaja en las dos vertientes de la medicina; la tradicional y la natural. Opina “que el uso de una no es excluyente de la otra sino que deberían compaginarse”. Se levanta a por un vaso de agua; tiene sed. Vuelve con una botella y dos vasos. “De hecho,” continúa, “muchos de los pacientes que atiendo en el ambulatorio, los encuentro de nuevo en la tienda que acuden a por algo más natural”, “y además son bastante fieles a estas terapias”, añade con el índice levantado y una leve sonrisa en los labios. ¿Y a qué cree que es debido? “Pues… a que confían bastante en ellas, en lo que les podemos dar… y probablemente, el hecho de que ya me conocen del CAP”. Bebe un sorbo de agua mientras le pregunto por sus compañeros médicos y enfermeros. Ella, dejando el vaso en la mesa, contesta: “los médicos con los que trabajo, que me conocen y saben que tengo la tienda, nunca desacreditan la medicina natural delante de mí, porque saben que también estoy en este otro mundo”.

Carme, decidida y segura de su opinión positiva sobre la medicina natural, explica por qué los profesionales de la salud tienden a opinar en contra. Así pues, “es debido a que no les enseñan fitoterapia, y su formación se basa únicamente en la evidencia. Bueno, debo decir que algunas veces han venido pacientes a la tienda aconsejados por otros médicos y enfermeros” corrobora satisfecha. “La gente cada vez más, se convence de los beneficios de la medicina alternativa y se conciencia de los efectos negativos de la convencional”, contesta ella tras preguntarle por el aumento de la primera. Carme continúa “la gente se va mentalizando de esto e intenta tomar productos que sabe que no le alteraran su organismo y que puede tomar durante mucho tiempo sin ningún riesgo”.

“¡Claro!”, exclama cuando le pregunto el porqué del mayor uso de medicina tradicional en lugar de la alternativa si ésta no tiene efectos secundarios.

Seria y firme añade “En mi opinión, la medicina natural debería también entrar por el Seguro”. ¿Por qué? “Pues porque de este modo, la gente tendría una opción alternativa para su cuerpo, y no estaría obligada a tomar productos químicos si no tienen una economía lo suficientemente buena como para poder utilizar la alternativa. Creo que las personas tienen todo el derecho”.

En el despacho, hace un poco de frío. Mientras se levanta a por el jersey verde del colgador, afirma y aclara que “tanto en la medicina alternativa como en la tradicional, se debe creer en ella para que sea efectiva. Si estás deprimida, ya pueden atiborrarte a pastillas que si no crees en aquello que tomas… ¡no tiras!”, ejemplifica la enfermera ya con el jersey puesto.

Tras agradecerle toda su atención, llegan unos amigos que la esperan. No obstante, me ofrece que acuda a ella si necesito más ayuda. Nos despedimos y vuelvo a casa, mientras ella se queda conversando con sus compañeros.

Almuerzo con...Xavier Maresma

"Es puro sentimentalismo"


Cuando le preguntan por qué la Vespa es su hobbie, contesta: “Me fascinan y me enamoran”. Xavier Maresma aclara: “Antes no tenía nada para perder el tiempo, lo que se llaman hobbies y desde que la tengo a ella, la Vespa, me fascina más”. Él se dedica al campesinado, en el negocio familiar. Así es la vida de un joven de 23 años que reside en Blanes. Estos son algunos de los datos que me contó mientras se cortaba una tierna y crujiente cuatro quesos recién salida del horno.
“Gracias a un amigo que estaba buscando una Vespa y le acompañé a algunos encuentros de Vespa, empezó a despertar en mí una gran pasión acerca de este prestigioso escúter”, me contestó tras preguntarle acerca del nacimiento de su afición por las Vespas. Después de responder me invitó a probar un trozo de pizza que tenía en su plato, mientras yo le preguntaba si su intención era la de restaurarla o la de obtener una Vespa para ir a concentraciones. Él me contestó que había estado mucho tiempo buscando una Vespa, y que lo que él quería era restaurarla para así poder llevarla con la satisfacción de que esa moto era más suya, que si la hubiera comprado nueva. También me contestó que en un principio buscaba un tipo de Vespa diferente de la que se compró finalmente. Como preferencia tenía la Vespa Primavera o SL, pero cuando empezó a mirar modelos empezaron a gustarle más los antiguos hasta el punto de que se compró una 125 N del 1960. Entonces les pregunté si tenía nociones de mecánica. “Tengo alguna noción, claro, a mí este tema me encanta ya además también me sirve para aprender, ya que lo que hago y haré en el tema de restauración lo habré aprendido autodidácticamente”, me contestó mientras cogía una cerveza de la nevera. Después de introducir el tema mecánico, y ver que él se sentía a gusto, seguí preguntándole acerca del motor y los primeros problemas que tuvo en el proceso, a lo que me contestó: “Supongo que pagué la novatada. Porque tuve muchos problemas con el motor. Primero abrí el motor para cambiar los cojinetes y juntas, pero cuando quise cerrarlo, ahí tuve los primeros problemas porque era algo delicado y no tuve mucha paciencia. Al final gracias a unos conocidos, pude solventar el error”.
Y después de arreglarla, ¿qué? “Lo primero será ir a dar una vuelta, pero si me preguntas por el tema de los clubs, mi intención no es la de hacerme socio de ninguno, aunque tampoco lo descarto. Eso sí, lo que tengo claro es que esta moto no me la voy a vender, porque tendrá un valor, incalculable, además, es puro sentimentalismo”.

ALMUERZO CON... Francisco Ordóñez

"Estuve años trabajando y siendo dirigido, pero ahora soy yo el que dirige"


Cuando le preguntan a qué edad empezó a trabajar en la hostelería, contesta: “A los 9 años”. Al mostrarme sorprendido, añade: “Empecé a trabajar porque no me gustaba estudiar y porque desde siempre me he querido independizar de mis padres y, para ganar dinero, tenía que trabajar”. Actualmente Francisco Ordóñez es el jefe del restaurante Masía Gibert, lugar donde trabajó de camarero desde los 13 años. “Yo creo que me contrataron porque al ser joven les salía más barata mi nómina”, explica Francisco mientras se sienta en la mesa de un restaurante situado a las afueras de Blanes. “Además, mi sueldo era de 6.000 pesetas a la semana, sin contar las propinas. Por la faena que yo hacía, creo que merecía más”, añade. Hablando de propinas, ¿Antes la gente dejaba más? “Si. Eran otros tiempos y la gente no estaba en crisis”.

Viene el camarero y él pide una ensalada y carne de cordero, “desde siempre me ha gustado acompañar la carne con una ensalada”. Durante la espera de la comida habla de los horarios en el mundo de la hostelería: “nunca sabía a la hora que volvería a casa, prefiero no saberlo. Se podría decir que nunca he tenido horarios”. Afortunadamente, el primer plato, una ensalada verde, se sirve frío, porque no ha comido nada mientras explica una situación difícil que ha vivido. “Llevaba una bandeja llena de copas y se me cayeron estrepitosamente al suelo delante de todos los clientes. Entonces fingí que me había torcido el tobillo”. Entre carcajadas empieza a comer la ensalada, y aclara: “A todos nos ha pasado alguna vez, y gracias a esa situación aprendí que no debo transportar más copas de las que puedo llevar”.

Después de muchos años trabajando en Masía Gibert, ahora es el jefe. “Bueno, el anterior dueño me cogió confianza y me pidió que lo sustituyera. Si no hubiera aceptado, él habría cerrado el negocio”. Tantos años aguantando órdenes y broncas..., ¿quién le iba a decir a Francisco que sería el dueño del restaurante donde ha trabajado toda su vida? “Estuve años trabajando y siendo dirigido, pero ahora soy yo el que dirige”, afirma mientras acaba con el último bocado de cordero.