
Carlota Pintó, con solo diecisiete años, asegura que ha empezado una nueva vida. En tan solo un año, ha pasado de ser alumna del instituto Serrallarga del pequeño pueblo costero de Blanes a emanciparse y vivir sola en la gran Barcelona. Abandonó bachillerato para estudiar lo que a ella realmente le gusta, un ciclo formativo de grado medio de Diseño Grafico publicitario, en la ciudad. A pesar del actual giro en su vida, ha sabido sobrellevar el cambio de la mejor manera posible.
Pone un gesto serio cuando le pregunto por la primera noche lejos de su casa. “Tuve la suerte de hacer buenas migas con la gente de la residencia nada más llegar, así que la primera noche me obsequiaron con un pequeño recibimiento. Las siguientes noches fueron más duras, porque cuesta estar lejos de casa”. Debe de ser difícil vivir sola en una habitación. Prosigue, “las primeras dos semanas, las cuatro paredes se me comían, no tenía nada que hacer. No tenía teléfono, siquiera. Ahora, al menos salgo, hago deberes, voy al gimnasio…”. La residencia, dirigida por monjas, despierta mi curiosidad y no puedo evitar preguntarle sobre ello. A ella, sin embargo, no le gusta que la gente sepa que convive con monjas: “en realidad, se trata de una residencia de franciscanas. Está bien. “Yo escogí vivir en una residencia, principalmente para conocer a gente, ya que es mi primer año, además es muy cómodo: te hacen la comida y te limpian el cuarto. De todos modos, tengo claro que el año que viene, cuando esté ya adaptada a Barcelona, me trasladaré a un piso”. La residencia, es exclusivamente para chicas, “vivir con solo con chicas es agradable. Nos encanta ver la tele todas juntas, por ejemplo. No tenemos un plasma, pero es divertido ver las series con ellas. Te acostumbras rápidamente”.
No puedo irme sin preguntarle acerca de los estudios, algo que verdaderamente le entusiasma. “Al finalizar el ciclo, espero dominar todas las técnicas de montaje y fotografía. Ahora, estoy trabajando en mi propio book. Me apasiona este mundillo. De hecho, presenté un proyecto en un concurso para Carnaval. A ver si hay suerte. ¿Planes de futuro? Pues el año que viene, me gustaría hacer el curso puente”.
Le deseo mucha suerte y le agradezco el tiempo que me ha prestado. Una vez apagada la grabadora, nos unimos a la actividad propia de la cafetería: el chismorreo.